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La mar de los hombres

Sinopsis

Hans Wickboldt, un profesor alemán de avanzada edad, recorre a pie el territorio silvestre de dunas y marismas del Parque de Doñana, en el sur de España. Su figura de paso laborioso se ha convertido en una presencia habitual en ese escenario natural –sin otro testigo que el propio paisaje-, desde que emprendiera la búsqueda de ruinas o indicios de un supuesto asentamiento humano prerromano: Tartessos, la civilización más antigua de la Península Ibérica. La idea de una población ubicada en mitad de esa naturaleza indómita parece poco razonable, pero Hans encuentra aliento en las intuiciones y escritos del pionero Adolf Schulten*, quien ya un siglo antes recorrió los mismos parajes bajo el hechizo de Tartessos buscando algún rastro revelador. Para llevar a cabo su exploración Hans se ha de enfrentar a las dificultades del terreno, a la soledad y el silencio de las marismas, al gobierno de la fauna y flora autóctonas, al recelo de las autoridades que custodian la reserva, y a su propio cansancio. A veces su entusiasmo se ahoga en las arenas y en lo aparentemente estéril de sus esfuerzos, pero cada vez que esto ocurre el destino le procura algún hallazgo que enardece su sueño original.
En alguno de sus largos recorridos itinerantes, buscando refresco Hans se asomará más allá de la marisma y de los pinares, allí donde la reserva natural se encuentra con la costa atlántica en una extensa playa virgen. Lejos de toda civilización y agazapadas entre las dunas se hallan unas pocas cabañas de pescadores, distantes entre sí a lo largo del litoral. Algunas de ellas están desvencijadas y abandonadas. Otras en cambio son habitadas por pescadores, singulares eremitas que dedican sus vidas a la pesca y al trabajo en una demostración tenaz de resistencia al medio y al ruido de los tiempos. Alejados del ocio sofisticado de la ciudad y de sus propias familias, estos hombres soportan estoicamente el silencio y los caprichos de la naturaleza, en una forma de estar en el mundo que acaso encarna el orden de esa misma antigüedad que embriaga a Hans y a otros románticos como él.
* “He estado ya varias veces en la desembocadura del río Tartessos (Guadalquivir) … Mis esfuerzos no han sido todavía coronados por el éxito, pero esto no es razón para abandonar la empresa, sino un acicate más para seguir en ella. Si no me fuera deparada la fortuna de encontrar la vieja Tartessos, acaso estas páginas indiquen a otros la ruta segura. Lo que importa es el éxito, no quien lo obtenga”. Adolf Schulten, 1921 (“Tartessos”, Colección Austral, Escasa-Calpe S.A.)

Imágenes

La mar de los hombres 1

La mar de los hombres 2

La mar de los hombres 3

La mar de los hombres 4

 

Ficha Técnica

Título: LA MAR DE LOS HOMBRES
Género: Documental de creación
Duración: 70-90 minutos
Formato de rodaje: 16/9. HD 1920x1080 Cineform
Idiomas: Español

Equipo Artístico

Producción:  El Viaje Producciones
Productor Ejecutivo: Jose Alayón Dévora
Guión, Dirección: Manuel Muñoz
Fotografía: Mauro Herce
Sonido Directo: Carlos García
Jefa de Producción: Patricia Estévez
Edición y Postproducción de imagen:  Ivan Morales Jr.
Música, Montaje de pistas y Mezcla de sonido: Carlos García

Notas del Director

“La Mar de los Hombres” es un proyecto de documental, en su voluntad de retratar unas formas de vida y unos lugares que existen con independencia o autonomía propia respecto a nuestra mirada. También podemos pensar que es una ficción que se ve desbordada en tanto marco por la materia o sustancia misma con la que trabaja. En cualquier caso, se trata de una propuesta que guarda afinidad con lo que suele identificarse como cine de registro, en oposición a ese otro cine de escritura más propio de la ficción clásica. Adoptaremos un punto de vista cercano al del cine documental observacional, desde el asombro que una parcela de la realidad nos procura. No obstante, eventualmente la película será también permeable a la injerencia de una escritura más propia del cine de ficción, o se servirá de la orquestación deliberada de los acontecimientos cuando ello sea pertinente para expresar mejor una idea, para transmitir con mayor intensidad una sensación.
En la génesis de este proyecto están los pescadores de las dunas, encontrar a estos hombres en sus cabañas encendió la mecha de mi curiosidad. La singularidad del entorno que habitan despierta una atención inmediata, por su interés etnográfico y por su plasticidad o cualidad estética. Como espectador casual de sus cotidianos sentí que ellos representan un fin de especie, perpetúan una forma ancestral de relacionarse con el mundo, y se saben al borde de la extinción, pues sus hijos participan de una modernidad que es irreconciliable con los sacrificios de la barca y la cabaña.
El de los pescadores es un mundo de una cierta exuberancia masculina. El mar se ha convertido en el único destinatario femenino de sus gestas. Incluso utilizan el lenguaje para atribuirle esa necesaria presencia femenina a lo único que tienen; y la llaman: la mar. Hay algo íntimo e impenetrable en la relación que establecen con esa mar, un latir profundo en sus miradas, una secreta emoción que es inaccesible para quienes no pertenecemos a ese mundo. Y está bien que así sea. No hay que querer conocer todos los secretos…
Esta cualidad de algo que nos resulta ajeno y extraño nos confiere una condición irremisible de forasteros. Quizá sea esa distancia difícil de sortear la que motivó en primera instancia la idea del personaje del arqueólogo, el cual es un dispositivo de ficción que vehiculiza mi mirada. No se trata de una película sobre unos pescadores sin más; más bien es una película sobre unos pescadores que fascinan porque su manera de estar en el mundo no parece corresponderse con el tiempo presente, encarnan una antigüedad, por lo arcaico de sus gestos y condiciones de vida. Hay que incluir por tanto ese presente desde el cual se les mira y hacer de esas relaciones temporales una dialéctica sugerente y significante.
Por tanto, a través del personaje del arqueólogo, hacemos de nuestra propia mirada materia sensible del relato, casi como un ejercicio de honestidad con el que evitamos la impostura de querer revelar un mundo particular al que no pertenecemos. El asombro de Hans será nuestro propio asombro. Por otra parte, este personaje que explora y busca nos permite cartografiar un territorio que nos atrae en tanto que es brutal, es decir, que no está hecho a la medida de la razón de los hombres y por ello resulta ingobernable. La posibilidad no resuelta de la legendaria ciudad aún no encontrada bajo su superficie también constituye un estrato jugoso para ese paisaje, que le confiere un aliento misterioso de antigüedad enterrada o una resonancia mitológica.
La idea del arqueólogo no es casual. Mientras investigaba el territorio supe que hace un siglo un historiador alemán buscó en ese entorno la ciudad perdida de Tartessos con una autorización expresa del rey. Más recientemente, hace apenas 5 años, dos científicos alemanes descubrieron mediante unas fotografías aéreas unas estructuras geométricas de círculos concéntricos en las marismas de Doñana, que se asemejaban a la descripción que Platón hace de la Atlántida en sus diálogos “Timeo” y “Critias”. A partir de ese hallazgo  Werner Wickboldt y Rainer Kühne publicaron su hipótesis sobre la identificación de Tartessos y la Atlántida mitológica en un supuesto asentamiento en las marismas de Doñana. Esta hipótesis, lejos de pasar inadvertida, provocó que el CSIC del Ministerio de Medio Ambiente de España emprendiese una lenta investigación en la zona que aún sigue en curso.