Nueva isla
Sinopsis
En Jesús María, un depauperado barrio de Centro Habana, la vida va aconteciendo entre apagones y edificios que milagrosamente sobreviven a la gravedad. Uno de ellos es Nueva Isla, un lujoso hotel construido en el año 1926 junto al Capitolio. El abandono y el paso del tiempo lo han convertido en un ruinoso solar. En el cuarto piso –el único habitable hoy- viven Sergio, un funcionario del Estado retirado que ha perdido la memoria, y Juana, una mulata de edad indefinida que hace la calle para sobrevivir.
Desde la ventana se oye la peña de ancianos que cantan boleros mientras esperan a que llegue la luz. Los jóvenes aprovechan la oscuridad para besarse antes de despedirse. Los días pasan sin apenas percibir un tiempo que transcurre entre buscar el pan que comer y mirar a un mar que es fascinación y frontera a la vez.
Pero la llegada de un ciclón es anunciada y la ciudad entera se convierte en un hormiguero. Todos se disponen a proteger sus pocas pertenencias, buscar provisiones y mudarse a un lugar seguro. Sergio y Juana saben que Nueva Isla puede que no sobreviva a otro ciclón más, pero deciden continuar como si nada pasara, como si el viejo hotel y con él la realidad que los rodea nunca fuera a ser vencida, nunca llegara a quebrarse y desaparecer.
Imágenes
Ficha Técnica
Título: NUEVA ISLA
Género: Documental/Ficción
Duración: 70-90 minutos
Formato de rodaje: 16/9. HD 1920x1080 Cineform
Formato final: 1:1,85, 35mm Kinescopado Arri-Laser
Dolby SR
Idiomas: Español
Ficha Artística
Guión y Dirección: Irene Gutiérrez y Javier Labrador
Productor Ejecutivo: Jose Alayón y Claudia Calviño
Fotografía: Javier Labrador
Sonido Directo: Sergio Fernández
Jefa de Producción: Hugo Baró
Edición y Postproducción de imagen: Manuel Muñoz
Música, Montaje de pistas y Mezcla de sonido: Carlos García
Notas del Director
Somos un cubano y una residente en Cuba de larga duración, de manera que Nueva Isla surge de caminar las calles menos transitadas, de toparse con personas que viven al límite, de relacionarse día a día, año tras año, con aquellos que más dificultades tienen al enfrentarse a las catástrofes que son las crisis económicas o los ciclones.
La necesidad de hacer un largometraje sobre La Habana más escondida, marginal, aquella donde gravita con más fuerza la incertidumbre de un futuro por venir, es ineludible en este momento que vive la Isla bajo un sistema que no encuentra modelo, que no es más socialista, pero tampoco capitalista. Pero más aún cuando se trata de un documental que explora la realidad desde un tratamiento ficcional destilando en ella lo que hay de esencial en un presente tan contradictorio como rico.
Para ello partimos de la metáfora de un fenómeno natural como es el ciclón visto como elemento que nos sobrepasa, que nos trasciende, desde el cual miramos de cerca los mecanismos que se activan para la supervivencia. En Cuba la temporada de ciclones llega cada año. Y vivir en este país implica repensarse cada año de forma cíclica, como un ciclo que dura eternamente. Pensar en la posibilidad de que cada año cambie algo en la Isla es algo común entre todos los isleños. Porque un ciclón es sinónimo de destrucción y confrontación social, pero también de emoción, de hermandad, de dinamismo y, por qué no decirlo, un tiempo mágico donde cabe la ilusión de que todo pueda ser diferente en sólo un instante. La película entra justo en este momento donde comienza la temporada de ciclones y se cuela en la vida de los personajes para observar cómo cada uno de ellos enfrenta el fenómeno desde su propia experiencia, y cómo nosotros mismos a su vez lo encaramos junto a ellos.
Porque Nueva isla quiere ser experiencia vivida a la vez que filmada.
Para ello hemos dispuesto a nuestros personajes para hacer un de taller de no-actuación, de asimilación de la cámara como un elemento más sobre el que ellos trabajan y piensan, elaborando junto a nosotros los diálogos o sus movimientos delante de la ella, sus acciones, de forma que éstas sean orgánicas y provengan de sus propio imaginario cotidiano.
La finalidad es que sus vidas sean vistas más que contadas; que su rutina sea compartida –por nosotros primero, por el espectador luego- más que denunciada. Esto se consigue cuando se traspasa ese primer momento de intercambio de confesiones, de confrontación de opiniones y juicios de valor y se produce una inmersión completa de la mirada, de la vivencia. Actualmente no hay propuestas cinematográficas que hayan retratado así la vida cotidiana de Centro Habana: participativa para llegar a un retrato sin concesiones, directo, depurado, crudo.
Porque ha sido después de pasar muchas horas en el Hotel Nueva Isla y el barrio de Jesús María cuando hemos asistido a una auténtica revelación: las personas que allí habitan conforman un microcosmos único que es la expresión callada de este país, la que vive en el umbral y cada día lucha por existir pero con libertades limitadas; la que en cada decisión pretende formar parte de algo pero a su vez sigue estando afuera, porque ni siquiera puede definir qué es este algo: ¿la Revolución? ¿el Socialismo? Estas identidades que están a la deriva de las circunstancias, pero que son presas de ellas, reinventan cada día una forma nueva de relacionarse con el mundo, desde la resistencia, sin posibilidad alguna de salir indemnes de este estado de excepción. Nosotros hemos compartido con ellos más que sus charlas: su tiempo, su hastío, su desmemoria; pero también sus deseos de proyectarse en un futuro propio, aquél que le dictan sus sueños.
Hoy más que nunca es necesario grabarlo, pues empieza a explotar lo que está por venir desde el germen que subyace en toda vieja estructura; hoy en las calles de Jesús María se percibe un halo común que se expande y se pregunta por su destino; hoy hay sobre la mesa del debate privado, también del discurso público, un amasijo de contradicciones que se rescatan en lo más cotidiano del día a día de este barrio.
Este documental pretende capturar esos fragmentos de rutina cíclica, esos cuadros en movimiento donde lo que no se dice y lo que no se ve es tan o más fuerte que lo que revela la cámara. Porque llevan detrás la contención que sólo se consigue después de cohabitar la misma realidad durante meses, donde las imágenes son más bien el resultado de la experiencia de compartir un tiempo y una vida. Sólo desde ahí es posible empezar a mirar. Eso es Cuba, eso es Jesús María, eso es Nueva Isla para nosotros: un lugar común del que se desprende una carga diaria, un peso tal, que se debate entre el desplome total o la levitación más absoluta.









